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A pesar de que mis primeras manifestaciones artísticas tenían forma de poema (contenido ya sería mucho decir), como aquel que le dediqué a mi madre por el día de la madre cuando yo tenía unos ocho o nueve años, y que un día transcribiré para que podáis leerlo,  nunca he sido muy amiga de la poesía.

En el segundo colegio al que fui, desde los ocho a los trece años, dedicaban una tarde a que leyéramos en la biblioteca para fomentar la lectura.  Podíamos elegir cualquier libro, con la condición de leerlo y contar de qué iba. En qué momento decidí leer a García Lorca, no sabría decirlo. El caso es que ese es el primer libro que dejé sin acabar. Después de dos tardes con un agobio increíble me acerqué llorando a la profe y le dije que lo sentía pero que no quería leerlo, que me estaba poniendo triste. Entré con mal pie en el mundo de la poesía y desde aquel día, y de manera totalmente irracional, lo sé, tengo un poco de tirria a la obra poética de Lorca.

Después me he encontrado con algún poema increíble, como Elegía a la muerte de Ramón Sijé, o los poemas cruzados entre Quevedo y Góngora,  pero es un mundo que he tenido prácticamente abandonado. Digamos que soy una devoradora de prosa. Sin embargo, se me quedó grabado, mientras estudiaba en el colegio, unas palabras que yo atribuyo a Miguel Hernández (aunque pudieran ser de otro, la verdad) que decía que lo difícil era tratar asuntos profundos desde la sencillez. Vamos, y esto ya es mío, referirse a los grandes temas, a los temas universales, amor, muerte y vida, sin barroquismo ni ampulosidad. Y desde entonces, hace ya muuuuchos años (unos veinte) convertí esa idea de Miguel Hernández en mi máxima, en mi objetivo.

Por eso quedé realmente impresionada el día que me detuve a escuchar “Un buen día” de los Planetas. Como  me ocurre con todas las obras maravillosas, recuerdo perfectamente cuándo fue, qué estaba haciendo y en esta ocasión hasta la meteorología. Eran las doce y diez de la mañana, volvía de una clase de idiomas en el coche y llevaba puesto un CD con varias canciones. Hacía un muy buen día, soleado, aunque era invierno. Esta canción de Los Planetas siempre me había gustado mucho, aunque no me había acercado a ella con tanto detenimiento como aquella mañana. Desde entonces éste es para mí unos de los mejores poemas de amor que he oído y no sé qué pensaría Miguel Hernández, pero yo creo que consigue acercarse mucho a uno de los grandes temas universales, el amor, con tanta sencillez como profundidad, con un lenguaje prácticamente telegráfico y que, sin embargo, es capaz de trasmitirlo todo.

Aquí os dejo mi interpretación de este maravilloso poema de amor o poema de ausencia.

Me he despertado casi a las diez
y me he quedado en la cama
más de tres cuartos de hora,
y ha merecido la pena.

En esta primera estrofa el autor del poema nos sitúa en una habitación, un día que el protagonista no tenía que madrugar, probablemente sábado. Nos transmite sensación de pereza y de estar a gusto,  por lo que decide quedarse un poco más entre las sábanas. Sin embargo, ya intuimos un cierto sentimiento de vaga melancolía, que se hace más fuerte en la estrofa siguiente.

Ha entrado el sol por la ventana,
y han brillado en el aire
algunas motas de polvo.
He salido a la ventana
y hacía una estupenda mañana.

El protagonista no tiene prisa y por eso tiene tiempo para observar cómo el sol ilumina las motas de polvo que entran por la ventana. Esta idea es muy importante, porque si tenemos que madrugar para ir a trabajar o estudiar o lo que sea, probablemente no tengamos tiempo para fijarnos en los detalles. El protagonista tiene tiempo para reflexionar, para pensar en su propia vida.

He bajado al bar para desayunar
y he leído en el Marca
que se ha lesionado el niñato.
Y no me he acordado de ti
hasta pasado un buen rato.

La siguiente estrofa es la clave del poema. El protagonista nos cuenta lo que hace después de levantarse, algo sencillo, ir al bar, tomarse un café, y leer el periódico. Para después decir, “y no me he acordado de ti hasta pasado un buen rato”. Esto es muy importante y nos demuestra que el protagonista la tiene constantemente en la cabeza. Por eso se sorprende y le parece extraño que haya tardado tanto en acordarse de ella, ella, que está siempre en su pensamiento. De todas maneras, la melancolía con la que nos cuenta la sencillez de esa mañana deja traslucir que él intenta no pensar en ella, que lleva ya un tiempo realizando este ejercicio del olvido, hasta el punto de que lo hace ya inconscientemente. Aunque ella termina venciendo en todas las ocasiones que él intenta olvidarla.

Luego han venido estos por aquí
y nos hemos bajado
a tomarnos unas cañas,
y me he reído con ellos.

Cuenta que han llegado sus amigos y se ha ido con ellos a tomarse unas cañas. Probablemente no le apeteciera mucho, porque la echa de menos, pero se obliga a seguir con su rutina. Es clave que comente que se ha reído con ellos. Normalmente cuando estamos con nuestros amigos lo pasamos bien y más si nos vamos de cañas. Pero el protagonista le da importancia al hecho de haberse reído con ellos. Lo cual nos deja ver que durante un tiempo estaba tan hundido que no se reía ni estando con sus amigos.

He estado durmiendo hasta las seis
y después he leído
unos tebeos de Spiderman,
que casi no recordaba.
Y he salido de la cama

Se va a dormir. Probablemente saldrá por la noche y tiene que descansar. Pero no sólo por eso, sino porque sin ella el día se le hace demasiado largo. Ya ha desayunado, estado con sus amigos de cañas y ha comido. Ahora es el momento de echarla de menos, por eso mejor dormirse y olvidarse de todo. Cuando se levanta no tiene nada qué hacer, más que pensar en ella, por eso se pone a mirar cosas que tiene por la casa, para entretenerse con algo hasta que llega la hora de irse de fiesta y desconectar. Dice que son unos tebeos que casi no recordaba. Es decir, no se pone a leer los tebeos porque lo haga normalmente, sino porque está buscando cómo distraerse del tedio y de la soledad. Probablemente los sábados por la tarde quedaba con ella después de comer. Nos dice que ha salido de la cama, y esto se importante, porque en la cama, mientras leía los tebeos intentando no pensar en ella, es obvio que no ha dejado de pensar en ella un solo segundo.


He puesto la tele y había un partido
y Mendieta ha marcado un gol
realmente increíble.
Y me he puesto triste
el momento justo antes de irme

Esta estrofa es también maravillosa. De nuevo nos cuenta cómo intenta llenar su día antes de salir a desconectar. En este caso con el fútbol, que es algo entretenido que a todos nos suele gustar. Fijémonos que dice que se ha puesto triste el momento justo antes de irse. Está claro, mientras veía el partido y ese gol increíble, ha desconectado de esa mujer que ya no está con él y a la que tanto echa de menos, pero cuando se vuelve a quedar sólo consigo mismo, ella reaparece en su cabeza. Y se pone triste porque no la tiene a su lado.

Había quedado de nuevo a las diez
y he bajado en la moto
hacia los bares de siempre,
donde quedaba contigo,
y no hacía nada de frío.

De nuevo sigue con su rutina del sábado, ha quedado a las diez, va en la moto y llega a los bares, esos, “dónde quedaba contigo”, lo cual es otra muestra más de que ella nunca sale de su cabeza. Y además dice, “no hacía nada de frío”. Esto es muy importante, se da cuenta de que hace muy buena noche y que sería una noche perfecta para salir con ella de fiesta, como siempre hacía y pasárselo genial con esa persona a la que ama, abrazarla, besarla y reírse con ella.

He estado con Erik hasta las seis
y nos hemos metido
cuatro millones de rayas.
Y no he vuelto a pensar en ti
hasta que he llegado a casa,
y ya no he podido dormir
como siempre me pasa.

Sin embargo no ha quedado con ella, que ya no está en su vida, sino con su amigo Erik. Y para intentar olvidarla ha recurrido a las drogas, “a cuatro millones de rayas”. Y probablemente haya conseguido desconectar con el pedo, hasta puede que haya pillado con alguna tía que le da totalmente igual. Sin embargo, la realidad es muy tozuda y cuando llega a su casa y se tumba en la cama, con quién quiere estar es con ella y por eso no ha podido dormir, como siempre le pasa.

Como vemos, se trata de un corte transversal en el sábado de la vida de esta persona, contándonos con sencillez, con normalidad, este día de su vida.  Sin embargo y casi sin decir nada, nos remite a una historia de amor, a una mujer a la que ama y con la que ya no está, a la que echa muchísimo de menos, y  a lo vacío que se siente sin ella. Lo mejor del poema es la presencia tan fuerte de esta chica que preside absolutamente la composición y que, sin embargo, se nos menciona en pocas ocasiones. Esto es poesía en estado puro, pura sugestión, todo intuición, sensaciones, decirlo todo con tan poco. Gracias Planetas por este trocito de cielo, por este “un buen día” que yo subtitularía, “para estar contigo.”

Aquí os dejo la canción

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